martes, 23 de agosto de 2011

Paraguay: remueven con éxito plaguicidas incendiados en desastre de 2003



Buenos Aires, 5 de agosto de 2011 (RENA). Las 180 toneladas de plaguicidas obsoletos y material contaminado de la Ex OFAT en Asunción fueron removidas exitosamente gracias a un proyecto de cooperación entre los gobiernos de Paraguay, Japón y la FAO. Como informó RENA en julio de 2003, el devastador incendio de la ex oficina fiscalizadora generó desechos tóxicos muy peligrosos para la población y el medio ambiente. Los plaguicidas fueron re-empacados y enviados a Inglaterra para su destrucción final.

“Un peligro para la ciudadanía”

Las 180 toneladas de plaguicidas obsoletos y material contaminado fueron removidas de la ex Oficina Fiscalizadora de Algodón y Tabaco (OFAT) de Asunción, Paraguay, gracias a un proyecto de cooperación entre los gobiernos de Paraguay, Japón y la FAO, confirmó la agencia de Naciones Unidas a RENA.
“Estamos contentos como país de haber dado el tratamiento adecuado a estos materiales tóxicos, ya que constituían un peligro para la ciudadanía”, dijo Enzo Cardozo, Ministro de Agricultura y Ganadería de Paraguay.
Técnicos y especialistas de la FAO trabajaron con efectivos del Gobierno para eliminar los desechos tóxicos y material contaminado generados por el incendio del 7 de julio de 2003.
“Eliminar este material es una labor fundamental para resguardar la salud de los ciudadanos de Asunción, y para proteger el medioambiente y evitar la contaminación del agua. No sólo debemos producir más alimentos, sino hacerlo cuidando nuestros recursos y la salud de los consumidores” manifestó Jorge Meza, Representante de la FAO en Paraguay.
Los plaguicidas fueron re-empacados en tambores resistentes a corrosión química y a condiciones climáticas adversas, según normativas internacionales, y luego enviados a Inglaterra para su destrucción final.

Financiado por Japón

El proyecto se llevó a cabo merced al aporte financiero de Japón e implementado por la FAO junto al Ministerio de Agricultura y Ganadería de Paraguay, el Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas, la Secretaría del Ambiente y bomberos voluntarios, quienes fueron capacitados para manipular y transportar de manera apropiada el material.
En su primera etapa, a partir de 2004, se realizó un inventario de plaguicidas obsoletos en todo el país, que confirmó más de 5 mil toneladas de químicos y material polucionado, incluidas las semillas de algodón contaminadas, el 46 por ciento en Asunción y el 40 por ciento en el Departamento de Paraguari. Los demás estaban dispersos en otros 13 departamentos.
“Los plaguicidas abandonados o almacenados en lugares inapropiados tienen el potencial de contaminar un radio de 300 metros a la redonda y un mínimo de 50 centímetros hacia abajo en el suelo. También existe el gran riesgo que estas sustancias se filtren hasta aguas subterráneas”, explicó Tania Santivañez, Oficial de Protección Vegetal de la FAO.

Un grave problema en países no industrializados

Según la FAO, se entiende por plaguicidas obsoletos a aquellos que han sido prohibidos, que están deteriorados químicamente, caducos, que son desconocidos o han entrado en desuso.
A nivel global, su cantidad supera las 500 mil toneladas, y los principales problemas están en países no industrializados, donde la agricultura es uno de los pilares de la economía y los plaguicidas son las sustancias químicas más usadas.
Con frecuencia, se encuentran en forma de mezclas tóxicas, en envases con filtraciones que generan derrames, y en almacenes y sitios no aptos para el almacenamiento de este tipo de sustancias. Eso genera un riesgo de exposición que puede producir intoxicaciones agudas y crónicas, además de contaminar el suelo y fuentes de agua.
“Los esfuerzos de FAO en este tema están en apoyar a los países en desarrollo para que hagan una adecuada gestión de todos los plaguicidas, lo que implica la limpieza de sitios contaminados y la destrucción o eliminación de los obsoletos”, dijo Santivañez.
La FAO es la principal agencia de Naciones Unidas a cargo de este tema, con muchos años de experiencia en África, Asía y América Latina. Su apoyo es clave porque muchos países no industrializados y en transición no cuentan con capacidad técnica, institucional, ni financiera para desarrollar políticas y marcos regulatorios necesarios para la adecuada gestión de plaguicidas.
(JIM)

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